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XXIII Juegos Sudamericanos Escolares 2017

Cochabamba, del 04 al 09 de diciembre

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Ceremonia de clausura
Foto de Jorge Abrego - 09 de diciembre de 2017
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Dos oros que iluminaron el atletismo escolar boliviano

La pista de atletismo de Cochabamba vivió una de las actuaciones más celebradas de los XXIII Juegos Sudamericanos Escolares. Entre gritos de apoyo, banderas y familias reunidas en las tribunas, un joven representante de Bolivia consiguió dos medallas de oro y se convirtió en uno de los nombres destacados de la delegación anfitriona.

Su triunfo llegó en pruebas de velocidad, una especialidad que exige explosividad, concentración y una preparación constante. Cada salida fue el resultado de meses de entrenamiento, de sesiones repetidas en la pista y de la confianza construida junto con sus entrenadores, compañeros y familiares.

La participación boliviana en atletismo fue seguida con especial interés durante el certamen internacional, celebrado en Cochabamba del 4 al 9 de diciembre de 2017. Las competencias reunieron a estudiantes deportistas de distintos países sudamericanos, quienes compartieron el deseo de representar a sus instituciones y alcanzar sus mejores marcas.

En esta entrevista, el atleta recuerda la emoción de competir en casa, el instante en que comprendió que había ganado dos finales y las enseñanzas que dejó aquella experiencia. Sus palabras reflejan el espíritu de los Juegos: esfuerzo, compañerismo, disciplina y orgullo por llevar los colores de Bolivia.

La emoción de correr frente a la gente

¿Qué significó competir en Cochabamba ante el público boliviano?

Fue una experiencia muy especial. Antes de la competencia sentía algo de nervios porque sabía que muchas personas estaban pendientes de los atletas bolivianos. Al mismo tiempo, escuchar los gritos de apoyo me dio fuerza. Cuando entré a la pista y vi las banderas, entendí que no estaba corriendo solamente por mí, sino también por mi familia, mi colegio y mi país.

Competir en casa tiene una energía diferente. Conocía el ambiente, podía reconocer algunas voces en las tribunas y sentía cerca a las personas que me habían acompañado durante la preparación. Esa motivación ayudó a concentrarme en la salida y a mantener el ritmo hasta cruzar la meta.

¿En qué momento apareció la confianza de que podías ganar?

La confianza se construyó durante el calentamiento. No pensaba demasiado en las medallas, sino en cumplir lo que habíamos trabajado: reaccionar bien al disparo, mantener la técnica y no perder la velocidad en los últimos metros. Cuando terminé la primera prueba y vi el resultado, sentí que podía luchar por otra victoria.

Dos finales y una misma preparación

Ganar dos medallas de oro en atletismo exige mucho más que talento natural. El atleta llegó a los Juegos con una rutina enfocada en la velocidad, la coordinación y la resistencia necesaria para conservar el rendimiento durante toda la carrera. El trabajo incluía ejercicios técnicos, repeticiones, fortalecimiento físico y recuperación.

¿Cómo fue la preparación antes de los Juegos Sudamericanos Escolares?

Entrenábamos varias veces por semana y cada sesión tenía un objetivo. Unos días trabajábamos la salida y la reacción; otros, la velocidad máxima o la resistencia. También aprendí que descansar es parte del entrenamiento. Al principio quería hacer siempre más, pero el entrenador explicaba que el cuerpo necesita recuperarse para mejorar.

La preparación también incluía cuidar la alimentación y llegar con una actitud positiva. Había días difíciles, especialmente cuando los tiempos no salían como esperábamos. En esos momentos, el grupo ayudaba mucho. Mis compañeros estaban atravesando situaciones parecidas y entre todos nos animábamos a continuar.

¿Qué corregiste durante los últimos entrenamientos?

Trabajamos principalmente la salida y la postura. En las carreras cortas, una pequeña diferencia en los primeros metros puede cambiar el resultado. También practicamos cómo mantener la concentración cuando otros competidores avanzan cerca. El objetivo era correr con decisión, sin apresurar los movimientos ni perder la técnica.

El instante de las medallas

La primera medalla de oro confirmó que el atleta boliviano podía competir al más alto nivel escolar de la región. La segunda tuvo un significado todavía mayor: demostró que su rendimiento no había sido producto de un único momento, sino de una preparación sólida y una buena administración de la presión.

¿Qué recuerdas de la primera llegada a la meta?

Recuerdo que terminé la carrera y por unos segundos no sabía si había ganado. Miré hacia la pantalla y después hacia mi entrenador. Cuando me hicieron señas de que había conseguido el primer lugar, sentí una alegría enorme. Me abrazaron mis compañeros y las personas de la delegación. Fue difícil contener las lágrimas.

La ceremonia de premiación fue muy emocionante. Subir al podio con la bandera boliviana representa algo que uno imagina muchas veces durante el entrenamiento. En ese momento pensé en mi familia y en todas las madrugadas en las que tuve que levantarme para ir a practicar.

¿La segunda competencia se vivió de una manera distinta?

Sí, porque ya sabía lo que significaba ganar una medalla y también sentía más presión. Todos me felicitaban, pero yo trataba de volver a empezar. El entrenador me pidió que no cambiara la rutina y que corriera como lo había hecho en los entrenamientos.

Antes de la segunda final respiré profundamente y revisé mentalmente cada indicación. Cuando terminó la carrera y confirmaron el oro, la emoción fue incluso más grande. Sentí que había conseguido algo muy importante para mí y para la delegación boliviana.

El valor del equipo detrás del corredor

Aunque las pruebas de velocidad son individuales, ninguna medalla se consigue en solitario. El resultado está ligado al acompañamiento de entrenadores, profesores, médicos, familiares y compañeros de equipo. En el caso de este representante boliviano, la preparación deportiva estuvo unida a la vida escolar y al apoyo de su entorno cercano.

¿Quiénes fueron fundamentales durante tu camino hacia la competencia?

Mi familia fue la base de todo. Siempre estuvieron pendientes de los horarios, de la alimentación y de que pudiera asistir a los entrenamientos. También me acompañaron cuando tuve molestias o cuando una competencia no salió bien. El entrenador fue muy importante porque conocía mis capacidades y sabía cuándo exigirme y cuándo ayudarme a recuperar.

Mis compañeros también fueron parte de las medallas. En atletismo cada uno compite en su prueba, pero entrenamos juntos y nos damos ánimo. Ver que otros atletas bolivianos se esforzaban me motivaba a dar lo mejor. Éramos una delegación y sentíamos que cada resultado pertenecía a todos.

¿Qué aprendiste de los deportistas de otros países?

Aprendí que existen diferentes formas de entrenar y de afrontar una carrera. Conversar con atletas de otros países fue una oportunidad para conocer sus experiencias. Algunos tenían más competencias internacionales, pero todos compartíamos los nervios antes de salir y la alegría después de competir.

También comprendí que el respeto es parte del deporte. En la pista somos rivales durante unos segundos, pero al terminar podemos felicitarnos. Ese ambiente hizo que los Juegos fueran una experiencia de aprendizaje, más allá de las medallas.

La juventud como etapa de crecimiento

Los Juegos Sudamericanos Escolares fueron mucho más que una serie de resultados. Para los estudiantes deportistas, el evento representó una oportunidad de ganar experiencia en un escenario internacional, asumir responsabilidades y descubrir nuevas metas. La competencia permitió que jóvenes atletas midieran su nivel y observaran el camino que todavía podían recorrer.

¿Qué cambió en ti después de ganar los dos oros?

Ganar me dio confianza, pero también me hizo entender que debía seguir trabajando. Una buena competencia no significa que ya se alcanzó el máximo nivel. Después de los Juegos quería mejorar mis tiempos, corregir detalles y participar en nuevos torneos.

También aprendí a manejar mejor los nervios. Antes pensaba que sentir tensión era algo negativo, pero ahora entiendo que forma parte de la competencia. Lo importante es convertir esa energía en concentración y utilizarla para cumplir el plan de carrera.

¿Qué consejo darías a otros estudiantes que practican atletismo?

Les diría que tengan paciencia. A veces uno entrena durante mucho tiempo y los resultados tardan en llegar. Es necesario confiar en el proceso, escuchar al entrenador y no abandonar después de una derrota. Cada carrera deja una enseñanza, incluso cuando no se obtiene una medalla.

También recomendaría disfrutar el deporte. La disciplina es importante, pero si no existe entusiasmo resulta difícil continuar. Correr me permitió conocer personas, viajar y representar a Bolivia. Esa experiencia vale tanto como cualquier trofeo.

Un recuerdo que permanece en el archivo deportivo

Las imágenes de las ceremonias, las fotografías de la pista y los resultados de cada jornada forman parte de la memoria de Cochabamba 2017. En ese registro, las dos medallas de oro del atleta boliviano ocupan un lugar especial porque resumen el esfuerzo de una generación que compitió con ilusión y responsabilidad.

¿Qué imagen guardas con mayor cariño de aquellos días?

La imagen que más recuerdo es la del podio con mis compañeros y el equipo de la delegación. También recuerdo el momento de escuchar el himno. Había entrenado pensando en correr bien, pero no imaginaba lo fuerte que sería escuchar la música mientras sostenía la medalla.

Guardo también los momentos fuera de la pista: las conversaciones en el alojamiento, los viajes a las sedes y el apoyo entre los deportistas. Los Juegos fueron una competencia, pero también una convivencia. Hicimos amistades y conocimos personas con las que compartíamos la misma pasión.

¿Qué representan hoy esas dos medallas?

Representan el resultado de un esfuerzo colectivo. Cuando las veo, no pienso únicamente en las carreras. Pienso en mi familia, en el entrenador, en mis compañeros y en todas las personas que me ayudaron. Las medallas son un recuerdo de que el trabajo constante puede abrir oportunidades.

También representan una responsabilidad. Espero que otros jóvenes se animen a practicar atletismo y que vean que pueden llegar a competir en eventos importantes. Bolivia tiene talento y necesita apoyar a sus deportistas desde las escuelas y los clubes.

La historia de este doble campeón escolar permanece vinculada a una edición inolvidable de los Juegos Sudamericanos Escolares. En Cochabamba, la pista fue escenario de marcas, emociones y aprendizajes que siguen inspirando a nuevas generaciones.

Explora el archivo oficial de Cochabamba 2017 para volver a vivir las ceremonias, consultar los resultados de atletismo, conocer las sedes y descubrir las fotografías y videos de las delegaciones. Revive cada jornada y comparte la memoria de los jóvenes que representaron a Sudamérica con esfuerzo y orgullo.

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