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XXIII Juegos Sudamericanos Escolares 2017

Cochabamba, del 04 al 09 de diciembre

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Cochabamba, del 04 al 09 de diciembre

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Ceremonia de clausura
Foto de Jorge Abrego - 09 de diciembre de 2017
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Cestería artesanal: los obsequios para los medallistas

Los XXIII Juegos Escolares Sudamericanos celebrados en Cochabamba entre el 4 y el 9 de diciembre de 2017 dejaron una huella especial entre los más de mil jóvenes atletas que compitieron representando a sus países. Más allá del esfuerzo deportivo en pistas, piscinas y gimnasios, el comité organizador preparó una serie de piezas tejidas a mano como reconocimiento simbólico a quienes subieron al podio en cada disciplina.

La elección de la cestería artesanal no fue casual. Forma parte de una tradición declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Bolivia y busca fortalecer el vínculo entre el deporte formativo y las expresiones artísticas de los valles. Los jóvenes competidores, muchos en sus primeras experiencias internacionales, recibieron junto con su medalla oficial una pieza única elaborada por manos expertas de comunidades campesinas.

Tradición tejedora en los valles cochabambinos

La región de Cochabamba cuenta con una larga historia vinculada al trabajo con fibras vegetales. Desde tiempos prehispánicos, las comunidades quechuas y aymaras aprendieron a transformar la caña, el mimbre y la totora en objetos utilitarios y ceremoniales. La llegada de los españoles incorporó nuevas herramientas y motivos decorativos, dando lugar a un mestizaje artesanal que se ha mantenido vigente durante siglos. Hoy, los talleres familiares transmiten estos saberes de generación en generación, conservando patrones que aún figuran en piezas contemporáneas.

Durante la organización de los Juegos Escolares, el comité visitó varias comunidades del valle alto para seleccionar a los artesanos colaboradores. La tarea estuvo a cargo de la Asociación de Artesanos Tejedores de Cochabamba, que reunió a maestros con más de cuatro décadas de experiencia. Cada uno aportó piezas representativas de su zona: cestas ceremoniales de Tarata, canastas de carga de Punata y flores tejidas de Cliza. La variedad permitió mostrar al continente la riqueza creativa presente en un radio de apenas cincuenta kilómetros.

Este proceso de selección respetó los principios del comercio justo y la valorización del trabajo manual. Cada artesano recibió una remuneración por su labor, así como el reconocimiento público de haber contribuido a un evento internacional. Las piezas elegidas pasaron por un control de calidad para garantizar su durabilidad, ya que deberían sobrevivir el viaje de regreso a los países de origen de los jóvenes medallistas.

El proceso creativo de cada pieza entregada

La confección de cada obsequio comienza con la recolección de las fibras en su punto óptimo de maduración. La caña brava se cosecha entre julio y agosto, cuando sus tallos alcanzan la flexibilidad necesaria para doblarse sin romperse. El mimbre, por su parte, requiere un proceso de remojo de varias horas para recuperar la humedad perdida durante el secado. Los artesanos trabajan al aire libre o en galerías cubiertas, aprovechando la luz natural para distinguir los matices de las fibras y aplicar los tintes vegetales obtenidos de la cochinilla, la chilca y el nogal.

Una vez seleccionadas las fibras, el tejido se realiza sobre un molde de madera que define la forma final. Las técnicas varían según el tipo de pieza: el enrollado espiral predomina en las cestas ceremoniales, mientras que el tejido plano se usa para bandejas y posavasos. Algunos artesanos combinan fibras oscuras y claras para crear dibujos geométricos que representan montañas, ríos y antiguos caminos prehispánicos. El proceso completo, desde el acopio hasta el acabado final, puede tomar entre tres y quince días dependiendo de la complejidad del diseño.

Antes de la entrega, cada pieza recibe un acabado de aceite natural que resalta el brillo de la fibra y protege la superficie del polvo y la humedad. Los maestros tejedores colocan además una tarjeta identificatoria con el nombre del artesano, su comunidad de origen y una breve descripción de la técnica empleada. De esta manera, los jóvenes deportistas no solo reciben un objeto, sino también la historia de quien lo elaboró con paciencia y dedicación.

Códigos visuales presentes en la cestería entregada

Los motivos decorativos presentes en cada cesto no son elementos puramente ornamentales. La espiral representa el ciclo de la vida y el movimiento constante del viento en el altiplano. Las figuras de montañas estilizadas evocan al Illimani y al Tunari, nevados tutelares del paisaje cochabambino. Las bandas horizontales simbolizan los diferentes pisos ecológicos que componen el territorio boliviano, desde la selva tropical hasta las cumbres andinas. Para los organizadores, incorporar estos códigos visuales fue una forma de llevar un pedazo del territorio a cada rincón del continente.

Técnica Fibra principal Comunidad de origen Uso ceremonial
Enrollado espiral Caña brava Tarata Cestas para ofrendas
Tejido plano Mimbre Punata Bandejas y posavasos
Trenzado diagonal Totora Cliza Canastas de carga
Tejido mixto Caña y mimbre Valle alto Piezas de premiación

El tamaño y la forma de cada obsequio varía según la disciplina deportiva. En las pruebas individuales, los atletas recibieron una cesta pequeña ideal para guardar objetos personales. En los deportes colectivos, el capitán del equipo recibió una pieza más grande que posteriormente se exhibe en la sede de la federación nacional. Los deportes acuáticos y de montaña recibieron modelos que evocan olas y crestas rocosas, mientras que las disciplinas de pista obtuvieron cestas con diseños geométricos estrictos que reflejan el espíritu de competencia y precisión.

Reconocimiento a los jóvenes medallistas sudamericanos

La ceremonia de premiación se realizó en el estadio Félix Capriles, con la presencia de autoridades deportivas, educativas y culturales de los doce países participantes. Cada uno de los jóvenes medallistas subió al podio escoltado por escolares cochabambinos que portaban estandartes con los colores nacionales. Una vez entregadas las medallas oficiales, un artesano local ofreció la pieza tejida con un breve discurso sobre su significado. El momento fue capturado por fotógrafos oficiales y transmitido por la señal continental del evento.

Entre los deportes más destacados de la jornada final figuraron el atletismo, la natación, el voleibol y el judo. La delegación boliviana logró un desempeño histórico en varias disciplinas, mientras que países como Brasil, Argentina y Chile mantuvieron su hegemonía tradicional en otras. En el caso del triatlón sudamericano, los organizadores entregaron piezas especiales con motivos de agua y montaña, recordando el carácter multidisciplinar de la prueba que combina natación, ciclismo y carrera pedestre.

Los atletas agradecieron los regalos con gestos espontáneos que conmovieron al público asistente. Varios de ellos levantaron las cestas hacia el cielo en señal de victoria, mientras otros se las mostraban a sus compañeros de delegación. Las imágenes recorrieron las redes sociales del evento y se convirtieron en uno de los elementos visuales más compartidos de toda la semana. La organización consideró que el impacto de la cestería superaba con creces el de cualquier trofeo metálico convencional.

Patrimonio cultural que viaja con los atletas

Los XXIII Juegos Escolares Sudamericanos dejaron un saldo deportivo notable, pero también un legado cultural sin precedentes. Más de trescientas piezas de cestería artesanal cruzaron las fronteras del continente, llevando consigo técnicas ancestrales y nombres de comunidades que antes eran desconocidas para la mayoría de los jóvenes deportistas. La iniciativa demostró que un evento deportivo puede servir como plataforma para difundir patrimonio y promover el turismo cultural responsable.

La experiencia sirvió de modelo para ediciones posteriores del evento, que han incorporado piezas de cerámica, textilería y madera en sus ceremonias de premiación. Organizadores de otras ciudades sede han visitado Cochabamba para conocer de cerca el proceso artesanal y replicarlo con sus respectivos talentos locales. De esta manera, el reconocimiento a los medallistas se ha convertido en un circuito virtuoso que beneficia tanto a los jóvenes deportistas como a las comunidades artesanas.

Para los habitantes de los valles cochabambinos, ver sus creaciones en manos de jóvenes de Chile, Uruguay, Paraguay o Guyana fue motivo de orgullo y renovado compromiso con su oficio. Varios artesanos confesaron que el evento les dio una motivación adicional para seguir tejiendo y enseñar a las nuevas generaciones. La cestería, lejos de quedar relegada a los mercados tradicionales, demostró que tiene un lugar en los escenarios internacionales más modernos y visibles.

Recomendaciones para acercarse al trabajo de los artesanos

  • Visitar los municipios de Tarata, Punata y Cliza durante los fines de semana, cuando los talleres abren sus puertas al público.
  • Adquirir las piezas directamente a los maestros tejedores para favorecer el comercio justo y trazable.
  • Solicitar una demostración del proceso de teñido natural con cochinilla, chilca y nogal.
  • Recorrer el museo de arte sacro de Tarata, donde se exhiben cestas ceremoniales coloniales.
  • Coordinar recorridos guiados a través de la Asociación de Artesanos Tejedores de Cochabamba.

Recorre el archivo digital del evento

Si deseas revivir los mejores momentos de los XXIII Juegos Escolares Sudamericanos, te invitamos a recorrer la galería oficial donde encontrarás fotografías, videos y materiales históricos del evento. Descubre los rostros de los jóvenes medallistas, las coreografías de las ceremonias inaugurales y la pasión que llenó cada cancha y piscina durante la semana de competición. Tu visita al archivo digital contribuye a mantener viva la memoria de un encuentro que reunió a todo un continente en torno al deporte y la cultura andina.

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